Esta exposición aborda el dibujo y su condición dual como herramienta y como disciplina artística, como auxiliar técnico y como experiencia cultural, estética y expresiva. En todos los artistas de esta muestra los elementos básicos del dibujo como punto, línea, mancha y plano tienen un rol determinante en la resbaladiza interpretación de la imagen y la representación; elementos con los que se disemina la frontera entre dibujo, espacio y narrativa, así como entre dibujo, pintura, arquitectura, animación, talla en madera, modelado, escritura, escultura, arte de participación social, etc.

Cynthia Yee literalmente materializa la aproximación poética de Paul Klee donde dibujar es sacar a pasear una línea, estableciendo un balance entre intuición y composición, entre disfrute manual y control técnico. Rita Ponce de León al invitar a dibujar a los espectadores, establece un mapeo afectivo entre ellos y los artistas de esta exposición, creando una estética relacional dibujística y gráfica. Alejandra Venegas desdibuja el límite entre la herencia formal de la pintura moderna occidental y el uso de la tinta con marcada influencia del Taoísmo y el arte oriental, en particular, el estilo chino de pintura Shan shui. Elsa-Louise Manceaux, utiliza la ambigüedad orgánica de sus representaciones y la transparencia plástica e intensidad de color de la tinta, acrílico o fresco para explorar la percepción, visual, sensorial, física y cultural de múltiples soportes. Jonathan Miralda evoca el uso de la viñeta en la historieta para desmontar la psicología de la representación a través de la expresividad y humor de personajes ubicados en entornos urbanos y arquitectónicos. Israel Urmeer utiliza animaciones dibujísticas para explorar la formación del inconsciente colectivo nacional a través de personajes de la historia del arte mexicano, así como paisajes y volcanes como el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, derribando en su obra objetual el límite entre seducción de la imagen y sensualidad de la materia.

Cómo el positivo que complementa a un negativo, esta exposición sitúa en aprietos al espectador en su intento por definir qué es dibujo y que no lo es, que es arte y que no, que es interdisciplina o tradición, ambigüedad que revela al dibujo como una sucesión de rupturas culturales que han moldeado a nuestro inconsciente colectivo y personal.


Eduardo Egéa
Curator